Il peccato originale (intervista di Joan Queralt a Casarrubea)

Portella de la Ginestra, el pecado original de la Italia republicana

Joan Queralt

“Italia ha sido el más grande laboratorio de manipulación política clandestina. Muchas operaciones organizadas por la Cia se han inspirado en la experiencia acumulada en ese país, utilizándose también para la intervención en Chile”.

William Colby en Mi vida en la Cia

Mike Stern (Oss) pranza a casa del bandito Giuliano

La matanza de Portella de la Ginestra -once inocentes asesinados y 27 heridos-, atribuida a la banda de Salvatore Giuliano, selló el acta de nacimiento de la democracia bloqueada y del doble Estado que configuró la Italia de la posguerra. Primer misterio de la República, Portella se convertiría en el prólogo, y en la clave, de todos los misterios y masacres -Piazza Fontana, secuestro y asesinato de Aldo Moro, Italicus, atentados de Brescia y Bologna, entre otros- que marcarían la política italiana entre el final de la segunda guerra mundial y el derrumbe del poder democristiano, a comienzos de los años noventa.

Las pruebas que hubieran permitido individualizar y condenar a los responsables políticos de Portella jamás se encontraron. Sólo cincuenta años más tarde, el trabajo de un historiador siciliano, Giuseppe Casarrubea, comenzará a aportar nuevos e importantes elementos para interpretar los hechos reales de aquél 1º de mayo de 1947: desde la presencia de un comando fantasma integrado por fuerzas paramilitares clandestinas hasta el papel desempeñado por personajes como el propio Giuliano, Lucky Luciano, James Angleton, jefe del contraespionaje norteamericano en Italia, o el desconocido Salvatore Ferreri, alias “Fra Diavolo”, confidente y uno de los ejecutores materiales de la masacre, misteriosamente eliminado de las actas judiciales por las autoridades de la época.

La mañana del 1° de mayo de 1947, apenas diez días después de la victoria de las fuerzas de izquierda agrupadas en el Bloque del Pueblo en las elecciones sicilianas del 20 de abril, una multitud de mujeres y hombres comenzó a afluir hacia la plana de Portella de la Ginestra, en la provincia de Palermo.

La fiesta de los trabajadores, destinada a ser un día de alegría y de reivindicación de sus derechos, acabó en tragedia: once inocentes –dos niños y nueve adultos- fueron asesinados y 27 heridos por los disparos de ametralladoras, fusiles y granadas procedentes de las colinas cercanas.

Giuseppe Casarrubea, historiador e hijo de una de las víctimas de aquel terrorismo que reunió, en un mismo proyecto de restauración política, a fascistas, bandidos, mafiosos, agentes de los servicios secretos angloamericanos y representantes del propio Estado italiano, ha dedicado gran parte de su vida a investigar los hechos de Portella de la Ginestra y, por extensión, el período que va del desembarco aliado en Sicilia hasta el nacimiento de la República.

La misma República que después de Portella legitimirá el poder de las mafias y de otras instituciones criminales (servicios secretos desviados, logias masónicas, neofascistas y delincuencia organizada al servicio de los palacios romanos), para mantener en pie el “pacto estructural entre el poder del crimen y la criminalidad del poder” establecido en los inicios de la guerra fría.

El pasaje del fascismo a la República

Desde el desembarco aliado del verano de 1943 hasta junio de 1947, fecha en la que tuvieron lugar los asaltos a las sedes comunistas y a las Cámaras de Trabajo de Partinico y de otras cinco poblaciones de la provincia de Palermo (1), Sicilia fue el escenario de diversos acontecimientos determinantes para el futuro político de Italia y de Europa.

Este período, que se corresponderá con el pasaje de la Italia fascista a la republicana, vendrá enmarcado por un contexto internacional caracterizado por el juego político de las grandes potencias y, en el orden interno, por una fuerte continuidad del Estado y de sus estructuras administrativas y de poder, proceso en el que Iglesia, mafia y masonería jugarán un papel decisivo, desempeñando funciones de trámite entre las instituciones locales y las potencias aliadas.

Individualizada como el lugar más favorable para el éxito de la operación militar que debían llevar a cabo las tropas angloamericanas, la elección de Sicilia no se debió a las particulares condiciones en que vivia la isla y, de manera especial, a la presencia de la mafia. En esa época, si bien en el interior de Sicilia la mafia ejercía un enorme poder, la capacidad militar de las tropas aliadas hacía innecesaria la ayuda mafiosa desde el punto de vista técnico del desembarco. Lo que favoreció el acuerdo entre las tropas aliadas y la mafia fue la necesidad de los aliados de asegurarse, tras la conquista de la isla, la hegemonía sobre Sicilia y sobre Italia. Los angloamericanos tuvieron necesidad de la mafia no para el desembarco sino para el control social sucesivo.

Otro fenómeno que se dará en el período posterior al desembarco del 10 de junio de 1943 será la alianza de las fuerzas de espionaje internacional, sobre todo italiano y angloamericano, que trabajarán de común acuerdo para definir la futura suerte de la política italiana.

A 60 años de distancia, Casarrubea y sus colaboradores han podido examinar los archivos oficiales americanos y los documentos de College Park (Maryland), desclasificados por Bill Clinton entre los años 1999 y 2000, descubriendo indicios de la infiltración de grupos neofascistas en algunos de los acontecimientos sociales que tuvieron lugar en toda Sicilia. Grupos que con su comportamiento condicionaron las acciones de los partidos políticos que comenzaban a surgir y la propia vida institucional y social de la isla en los años que van de 1943 hasta 1945, momento en el que nace el Frente Democrático del Orden en Sicilia (Fdos), un partido filomafioso del cual no existen referencias en ningún libro de historia, muy significativo por el hecho de estar presidido por don Calogero Vizzini, capomafia de Villalba.

Mafia, fascistas y servicios secretos

La mafia entró, a pleno título, en una fase sucesiva al desembarco y no antes. Lo hizo en operaciones de control del territorio siciliano en primer lugar -e italiano después-, en cuanto estaba interesada en gestionar los recursos de la isla en la fase en que su control se había confiado a las fuerzas autonomistas.

Por los documentos sabemos hoy que el autonomismo siciliano fue creado de modo casi absoluto por las fuerzas aliadas, que mientras simulaban apoyar el juego de la democracia local, rendían cuentas de sus operaciones a James Jesus Angleton, jefe del X-2, el contraespionaje americano en Italia, en cuya sede romana, en el palacio de Corso Sicilia, 59, residían también desde después de la Liberación, los servicios de contraespionaje del arma de los carabineros y las oficinas de los comandantes de las fuerzas militares, sobre todo de la Marina italiana. Este lugar respondía no tanto al gobierno italiano sino a las tropas de ocupación angloamericanas, empeñadas hasta aquel momento en conducir la batalla de la conquista de Italia y la derrota de las tropas alemanas en el territorio nacional.

Tras la caída del gobierno Mussolini, después de setiembre de 1943, llegará el nacimiento de la República. Un acontecimiento histórico que, según Casarrubea, constituyó una acción de continuidad entre el viejo y el nuevo fascismo, en el sentido de que el aparato estatal no fue depurado de fascistas, permaneciendo prácticamente igual que en el pasado. Los grandes jefes de lo que había sido, por ejemplo, la policía de la época fascista, la OVRA, así como las organizaciones encargadas de la vigilancia anticomunista continuaron operativas después de la caída del fascismo y fueron absorbidas dentro del Estado. Más tarde, muchos de esos personajes se acercarán al entorno de la banda de Salvatore Giuliano, justo en el momento en que “el rey de Montelepre” se encuentre en Portella de la Ginestra. Personajes extremadamente significativos que fueron enviados a Sicilia para convencer a la banda Giuliano y activar en torno a ella formas de camuflaje en relación con sus responsabilidades en las operaciones terroristas.

A medida de que los aliados iban conquistando el centro de la Italia continental, los núcleos fascistas más aguerridos descendían en dirección opuesta, hacia el sur, reorganizándose en el territorio ocupado y recomenzando, a través de acciones de carácter terrorista, la conquista del Estado. Una estrategia que tendrá en la matanza del 1º de mayo de 1947 en Portella de la Ginestra y poco después en el asalto contra las Cámaras del Trabajo del 22 de junio dos de sus episodios más graves y conocidos.

Los documentos americanos hallados en College Park por el equipo de Casarrubea, así como los documentos encontrados en los archivos del Servicio Secreto italiano de la época de la República de Saló, muestran que la banda Giuliano fue un pelotón de ejecución en manos de los grupos fascistas que operaban en el proyecto de restauración del fascismo tras su caída el 25 de abril de 1945. El fascismo no desapareció en esa fecha, continuó su acción de forma capilar, insertándose en Sicilia hasta asumir el control de todo el territorio regional.

Entre los grupos subversivos radicados en Sicilia se encontraban la Escuadra de Acción Mussolini, los miembros del Batallón Vega de la Decima Mas de Junio Valerio Borghese, y los grupos anticomunistas que en el Frente antibolchevique de via dell’Orologio, en Palermo, contaban con otras formas de organización.

La banda Giuliano, que fue, en expresión de Giuseppe Casarrubea, una especie de pararrayos, recibió desde el comienzo la protección del ministro del Interior de la época, Mario Scelba, el cual dijo que la matanza de Portella, un delito no político, debía atribuirse a la banda, que no aparecían otros sujetos participantes y que no había necesidad de investigar. “Tampoco la magistratura investigó mucho más -sostiene el historiador de Partinico: así, durante sesenta años, asistimos a esta forma de impunidad que nos ha impedido descubrir la verdad”.

Italia y los acuerdos de Yalta

Tras la Conferencia de Yalta en febrero de 1945, Occidente no podía optar por un camino distinto a lo acordado por las grandes potencias. Casarrubea lo define como un acuerdo trágico de todos. También de la misma izquierda, que decidió que este sacrificio debía cumplirse en aras a la realidad. Esos eran los acuerdos y esa era la realidad: el mundo quedaba dividido en dos bloques. La misma Unión Soviética no mostró ningún interés en subvertir los acuerdos de Yalta; más bien fueron ellos, los soviéticos, en establecer que los acuerdos fuesen respetados de manera precisa, y que Italia permaneciera tranquila en el lugar en el que la colocaban dichos acuerdos.

En los meses precedentes a los hechos de Portella, toda Sicilia occidental había sido escenario de imponentes manifestaciones culminadas con ocupaciones de las tierras. En ese contexto internacional y local maduró la necesidad de bloquear el proceso democrático y evitar una eventual toma del poder por parte de la izquierda.

En 1948 se produjo el atentado a Palmiro Togliatti, que fue la enésima prueba de la tentativa de provocar la eliminación física de la oposición de izquierda, socialistas y comunistas incluidos. El propio Togliatti lo entendió nítidamente, al extremo de que, a pesar de que el atentado fue obra de un neofascista, Antonio Pallante, que todavía vive en Catania, manifestó que no había que reaccionar a aquel acto de provocación que tenía el mismo propósito que la matanza de Portella, es decir, provocar una insurrección popular y en consecuencia un baño de sangre represivo en contra de todo el movimiento comunista italiano.

Antes de que nazca la organización Gladio se registra en Italia una fase pre-Gladio, que se remonta a los años 44 y 45, en los cuales se afianzan las relaciones entre los grupos neofascistas, Junio Valerio Borghese y el norteamericano Angleton. Desde aquel momento, 1944-1945, el pacto antidemocrático quedará consolidado y la experiencia adquirida permitirá a los grupos neofascistas armarse y consolidarse. Cuando luego aparezca Gladio, existirá ya una escuela precedente, con una historia subversiva propia, en el sentido terrorista del término.

En 1948, cuando nazca el Movimiento Social Italiano, el mismo Nino Buttazzoni, que había sido jefe del Batallón Vega de la Decima Mas, declarará que en 1946, es decir, cuando la República ya es una realidad (2), los batallones que dependían de él estaban armados y listos para entrar en acción. En Roma había 30.000 soldados neofascistas armados, listos para combatir en el caso de una posible insurgencia comunista.

Las elecciones sicilianas del 20 abril de 1947

Las elecciones regionales sicilianas del 20 de abril de 1947, con la victoria del Bloque del Pueblo y la posterior formación de un gobierno de centro-izquierda en la Región, representaron el punto de ruptura de la paciencia de estos grupos subversivos. Diez días después del triunfo electoral, suceden los hechos de Portella. ¿Por qué? “Porqué en esos diez días viene decidida la matanza”, asegura el historiador siciliano.

La máquina organizativa estaba lista desde mucho tiempo antes, pero se esperaba la ocasión para manifestarse. La oportunidad surgió justo en el momento en el que se acabó la paciencia de los grupos neofascistas más intolerantes, opuestos desde hacía tiempo a la participación de comunistas y socialistas en los distintos gobiernos formados hasta ese momento –los tres gobiernos con De Gasperi, el gobierno de unidad nacional con Parri, el primer y segundo gobierno Bonomi, también en el gobierno Badoglio-. Después del 20 de abril, estos elementos pasaron a la acción para demostrar a los italianos cómo entendían el futuro político del país. Lo demostraron en 1947 y continuarían haciéndolo por espacio de 50 años a través del perfeccionamiento de la llamada estrategia de la tensión.

Portella es la inauguración de las masacres como método de lucha política.Todo el terrorismo posterior tiene el sello y la matriz de lo sucedido en Sicilia en mayo de 1947. Entonces encontró la cobertura del bandido Giuliano, que fue una especie de pantalla que lo ocultó todo, y luego, sucesivamente, encontraría otros Giuliano. Como ocurrió en la operación Moro, donde, además de la participación de las Brigadas Rojas se dio la presencia de componentes de servicios secretos ligados a nivel internacional con ciertos ambientes individualizados por las comisiones parlamentarias de investigación. El caso Moro permanece todavía abierto y, extrañamente, tampoco se ha conseguido identificar a los autores y mandantes de las diversas matanzas ocurridas en Italia, comenzando por la de la Banca de la Agricultura de 1969 hasta llegar hasta el doble asesinato de Falcone y Borsellino en 1992.

Hay demasiados misterios en la historia de Italia. Y todos esos misterios suceden a través del nudo de Sicilia, que ha constituido a lo largo de la historia italiana esta especie de filigrana que otorga valor al papel moneda y ha hecho posible que ciertas cosas adquieran su justo peso.

El papel de Lucky Luciano

En relación con la presencia de Lucky Luciano (Salvatore Lucania) en Sicilia en la época en que tuvieron lugar los hechos de Portella de la Ginestra, y con su papel en el tablero político que se estaba diseñando para la isla con ayuda tanto de la mafia local como de la mafia norteamericana, el trabajo de Casarrubea y de su equipo de colaboradores ha pemitido localizar entre los documentos del archivo del N.A.R.A.(National archives and records administration) un escrito redactado por un colaborador a sueldo de los servicios americanos, que señala textualmente que Luciano estuvo en Sicilia en el semestre previo a la matanza de Portella de la Ginestra.

En este documento se dice que Luciano, que mantenía estrechas relaciones con Angleton y cuyos pasos eran seguidos por el contraespionaje, llegó a Sicilia en enero de 1947, que se alojó en el Hotel Excelsior de Palermo y que abandonó la isla después del 22 de junio, el mismo día de los asaltos a las sedes sindicales. Oficialmente no desarrolló ninguna actividad pero sería visto a bordo de su Dogde rojo en las áreas próximas a Portella.

La fechas son importantes porque en ese semestre no se dio únicamente la presencia de Lucky Luciano en Sicilia. Se produjo también la llegada de Mike Stern (3), un hombre que trabajaba para el OSS (Office Strategic Services), el arribo de núcleos fascistas procedentes del continente, y la existencia ya operativa de la organización creada por Fortunato Polvani, heredero de Alessandro Pavolini, el hombre que en el período precedente al 25 de abril de 1945 fue investido por Benito Mussolini como directo responsable organizativo y político de todas las operaciones de reconstrucción del fascismo una vez caído el régimen tras la entonces eventual victoria de las tropas angloamericanas.

Polvani, que procedía de Florencia, dirigía el Frente Nacional Antibolchevique en Palermo en el semestre en el que llegan Luciano y Stern, y en el que va tomando forma la necesidad de una operación dirigida a bloquear el proceso democrático. La matanza de Portella se convertirá en el resultado evidente de esa estrategia, diseñada con anterioridad.

La mafia no era en aquel momento la organización Cosa Nostra que nace a partir de Portella de la Ginestra. Antes de Portella la mafia no era Cosa Nostra. Era un conjunto de tribus aisladas dominadas por un jefe tribal llamado capofamilia, que dirigia un grupo de familias en su territorio.

Lucky Luciano tiene una importancia estratégica en el nacimiento de Cosa Nostra porque, tras su llegada, agrupa a los capos tribales y los empuja a salir del aislamiento territorial, situándolos al nivel del Estado. De hecho, es desde ese momento que surgirán los grandes capomafias de la zona investidos de plenos poderes, y cuyas carreras criminales durarán por espacio de muchos años en medio de una casi absoluta impunidad. “En San Giuseppe Jato, por ejemplo, en la zona de Portella de la Ginestra, estaba la familia Brusca encabezada por el viejo Bernardo Brusca, uno de los capos tradicionales de la mafia en Sicilia” explica el historiador. “Cincuenta años más tarde se descubrirá que el nieto, Giovanni Brusca, es quien ha hecho saltar por los aires al juez Giovanni Falcone. La policia ¿no sabía que este mafioso dominaba todo el territorio de San Giuseppe a partir de Portella? ¿Porqué lo han descubierto sólo después de medio siglo? Porque, evidentemente no había la voluntad política de golpear a las mafias locales para erradicarlas. Y no existía por las condiciones y pactos establecidos en su momento entre la mafia y el poder institucional”.

La masonería

La masonería estaba muy dividida y operaba a través de diversas corrientes. Había la corriente del Palacio Giustiniani y existía la corriente ligada a los grupos históricos presentes ya en Sicilia en la época de Goethe.

Sicilia, como Malta, siempre fue centro neurálgico de la masonería internacional. Muchos viajeros extranjeros llegaron a Sicilia con el objetivo preciso de establecer contacto con la aristocracia masónica. Situada en el centro del Mediterráneo, Sicilia siempre se había prestado, ya en el setecientos, en la época de Goethe, a ser centro de maniobras y de coordinación de las corrientes masónicas mediterráneas y europeas. Y en la isla, la masonería se había ligado siempre a los grupos aristocráticos, que le habían otorgado un fuerte carácter internacional.

La masonería internacional no tenía nada que enseñar a la masonería siciliana, más bien al contrario. La historia masónica de Sicilia, especialmente después de la llegada de los americanos en 1943, podía enseñar muchísimo a las tropas angloamericanas llegadas para liberar a Italia del dominio nazifascista.

Con los americanos llegaron diversos grupos masónicos ligados al ejército y a las tropas de ocupación y, a su vez, a ciertos ambientes políticos del mismo origen. Cuando llega Frank Gigliotti (5), los juegos están todavía muy abiertos, en el sentido de que la masonería disponía de dos opciones a la hora de orientar sus elecciones políticas: una corriente de tipo monárquico conservador y otra corriente más cercana al republicanismo, que era la tendencia masónica más moderna.

Los americanos tenían mayor simpatía por la corriente republicana, y los ingleses mayor preferencia por la orientación masónica monárquica. Esas masonerías de líneas contrapuestas jugaron un papel diverso especialmente en 1945, cuando se desarrolló en Sicilia la batalla separatista. El separatismo siciliano estuvo formado por dos ánimas, la filomonárquica, liderada en un primer tiempo por Andrea Finocchiaro Aprile, un jefe masón de grado 33, y la de pensamiento republicano, que gozaba probablemente de una cierta autonomía y que más tarde llegó a fundar un partido como el republicano independentista siciliano de Antonino Varvaro que, posiblemente, con la masonería no tenía nada que ver.

En el ambito masónico se dio una tendencia de parte de los círculos masónicos americanos, especialmente de aquellos que seguían a Frank Gigliotti, de orientar el impulso filomonarquico masónica en Italia hacia una posición de tipo más republicano. No apreciaban en exceso el submundo masónico monárquico porque, por sus estatutos, eran republicanos.

La ambigua figura de Salvatore Giuliano

En Salvatore Giuliano confluían múltiples relaciones, sugerencias e influencias: los servicios secretos americanos, los partidos políticos locales y nacionales, las fuerzas de seguridad, los representantes de la oligarquía agraria, la mafia… Todo ese amplio abanico de intereses y personajes ¿respondía a un mismo diseño político, estaba coordinado, coincidía en sus objetivos?

Giuliano era sobre todo un muchacho sin una gran instrucción, responde Casarrubea. Un muchacho difícil, violento, proclive al uso de la pistola. Resolvía los problemas a golpe de pistola porque, de pequeño, le habían enseñado que los conflictos se resuelven con la violencia. Creció así, y probablemente con el mito de aquella América que le había contado su padre, emigrado a los Estados Unidos.

Giuliano nunca fue un teórico. En cierto momento, sin embargo, le hicieron pensar que podía ser un hombre importante. Los primeros en cometer el error de hincharle la cabeza a una persona ignorante y, al mismo tiempo violenta, ambiciosa y un poco megalómana, fueron los separatistas, que le nombraron coronel del Evis, el Ejército Voluntario para la Independencia de Sicilia. Le ilusionaron y él creyó ser coronel del ejército. Se colocó la divisa y se sintió jefe de un ejército. No se dio cuenta de que era, simplemente, el jefe de una banda de malhechores. Le dijeron: “estos bandidos liberarán Sicilia”. Y, en su ignorancia, Giuliano pensó que podía liberar Sicilia de los invasores, como en los tiempos del Risorgimento, cuando Garibaldi recurrió a los delincuentes y a las formas criminales de la isla para luchar contra los borbones.

Esa fue la idea que muchos separatistas le inculcaron de manera minuciosa. Cuando más tarde fracasó la fase separatista, le hicieron entender que habían posibilidades de lograr con otra milicia lo que no se había podido alcanzar con el separatismo. Le dijeron: “tenemos 500 hombres, pero son sólo la parte de un gran ejército bien organizado. ¿Quieres ser el jefe de un ejército anticomunista?” Y el pasó a ser anticomunista.

La conversión ideológica de Giuliano debió ocurrir poco antes de las elecciones del 20 de abril de 1947, porque con anterioridad a esa fecha Giuliano nunca había manifestado síntomas de anticomunismo. No sólo no le importaba sino que mantenía buenas relaciones con personas vecinas al Partido Comunista, como, por ejemplo, Antonino Varvaro, el secretario político del Movimiento Independentista Siciliano Republicano, amigo personal de Giuliano y por el que éste hizo votar en la campaña electoral de 1947. El 20 de abril de 1947, Giuliano, que era básicamente monárquico, no apoyó a la monarquía. Hizo votar por los separatistas de Varvaro, muy próximos a los comunistas.

El atentado con tritolo que el 22 de junio, el mismo día del asalto contra las Cámaras del Trabajo, hizo saltar por los aires la central eléctrica de Palermo y dejó sin luz a toda la ciudad, fue un atentado de precisa naturaleza terrorista. Palermo fue tapizada de manifiestos con la firma de Giuliano en los que el bandido incitaba a los sicilianos a luchar contra la “jauría roja” y anunciaba la constitución de un cuartel general de lucha antibolchevique, prometiendo subsidios a las familias de cuantos se presentaran al feudo Sagana, en las proximidades de Palermo. Pero Giuliano, que frecuentaba el Frente antibolchevique de Palermo posiblemente desde febrero de 1947, no sabía nada acerca de los manifiestos pegados en las calles de la ciudad. Está claro que existían determinadas personas que utilizaban su nombre.

Los 430 sumarios del bandido Giuliano

Para Casarrubea, la única voluntad real que tenía Giuliano era la de conseguir el perdón de todos los delitos que había cometido y poder volver a vivir en libertad. Sobre su cabeza pendían 430 procesos. Por homicidios, robos, matanzas, secuestros… Giuliano no era el bandido heroico y generoso que quisieron hacer creer. Había secuestrado a campesinos, a los que luego asesinó. Como los cuatro hermanos Santangelo a quienes fueron a buscar a sus casas, los pusieron en fila y Giuliano los mató de un tiro en la nuca.

Salvatore Giuliano alcanzó fama y renombre porque, siendo un hombre apuesto, tenía muchas mujeres detrás suyo: austríacas, suecas, de diversas partes del mundo. En realidad eran personas que se movían en los círculos del contraespionaje internacional. Mike Stern, como Maria Teresa Cyliacus, como muchos periodistas que llegaban a Sicilia con el pretexto de su trabajo informativo, eran agentes de los servicios secretos americanos. Giraban en torno a Giuliano, le ilusionaban, le hacían creer cosas que en realidad no existían. La Cyliacus no sólo formaba parte del contraespionaje americano, estaba ligada al mundo del neofascismo internacional.

¿Qué representa Giuliano? Representa solo el ánima inconsciente de un proceso de subversión que, a través suyo, se salvó a sí mismo. Se salvaron criminales, responsables, personas que habían dado órdenes de matar. Tantos se salvaron que hubiera sido un pecado no utilizar a Giuliano, condenado por sus 430 sumarios. Si no hubiera existido el bandido de Montelepre hubiese sido preciso inventar a otro, capaz de representar el mismo papel.

En los últimos años, gracias al trabajo de historiadores como Giuseppe Casarrubea, se han venido a conocer los nombres, apellidos y direcciones de muchos de los grupos neofascistas presentes en Sicilia y en Palermo. La investigación continúa abierta en diferentes frentes, con resultados que demuestran la correspondencia de las informaciones guardadas en diversos archivos de América, Italia y de otras partes del mundo. Documentación que apunta en la misma dirección y que, en opinión de Casarrubea, no presenta contradicciones. “Dicen las mismas cosas”, apunta el estudioso siciliano. “Por ejemplo, que la banda Giuliano era la pieza de un proceso terrorista muy amplio, ligado al neofascismo organizado. Fuese el batallón Vega, la Escuadra de acción Mussolini o cualquier otro grupo clandestino poco importa. Lo que importa es que eran, probablemente, expresión de grupos paramilitares que disponían de una estructura nacional”.

Salvatore Ferreri, “Fra Diavolo”

La verdad judicial atribuyó en su momento la responsabilidad de la matanza de Portella a la banda de Salvatore Giuliano, que este siempre negó, alegando que sus hombres habían disparado al aire con el propósito de atemorizar a la multitud, obligándola a dispersarse. Sin embargo, del esfuerzo de Casarrubea emerge otra verdad y con ella otras responsabilidades y otros personajes. Como Salvatore Ferreri, alias “Fra Diavolo”, miembro de la banda Giuliano, bandido como él y, al mismo tiempo, confidente de la policia.

Salvatore Ferreri era un criminal notorio y uno de los principales jefes del Evis. Era alguien que entró en contacto con la banda de Salvatore Giuliano, que había asaltado numerosas casernas de carabineros, asesinado al carabinero Vincenzo Miserendino y al chófer Monticciolo sólo por el simple gusto de quedarse con su automóvil, y había cometido infinidad de agresiones a mano armada.

Sin embargo, a pesar de sus crímenes Ferreri era el principal confidente del Inspector general de Ps en Sicilia, Ettore Messana. Cómo era posible que Messana pudiera tener como confidente a un criminal de guerra que debía ser arrestado inmediatamente nunca se llegó a saber. La única certeza es que Ferreri, confidente del jefe de policia, se encontraba en Portella de la Ginestra disparando sobre los campesinos, sobre las mujeres y los niños. Por cuenta de quién disparaba y porqué se encontraba allí, armado con una Beretta calibre 9, son preguntas que tampoco han tenido respuesta.

Casarrubea ha estudiado profusamente las armas que provocaron la matanza de Portella, descubriendo que los muertos y heridos no fueron causados por las armas que tenía en dotación la banda Giuliano, básicamente fusiles modelo 91, ametralladoras Breda modelo 30 calibre 6 y Berettas calibre 6 modelo 30. Fueron ametralladoras Beretta calibre 9, como la de Ferreri, y otras armas alemanas y americanas, todas ellas armas de guerra de gran poder de fuego, las que provocaron la masacre. Las mismas armas que semanas más tarde, el 22 de junio de 1947, serán utilizadas en los ataques a las sedes de Partinico, causando la muerte de 2 hombres.

Individualizado como uno de los autores de la matanza de Portella, el nombre de Salvatore Ferreri no llegará a figurar en los informes judiciales abiertos a raíz de los hechos. Las causas de esa omisión jamás se han sabido. Sólo 60 años más tarde, y gracias al largo trabajo de investigación de Casarrubea, se harán públicos aspectos ya evidentes para la policia judicial en el momento de los actos y que, sin embargo, no fueron tenidos en cuenta en el proceso celebrado en 1950 contra la banda Giuliano (6).

La propia condición de Ferreri como confidente de Messana no surgió de los informes de la policia judicial sino del debate procesal que tuvo lugar en Viterbo. Ante los jueces, Messana negará la colaboración del criminal. Más tarde, sin embargo, frente al testimonio de Gaspare Pisciotta, que confirmará el papel de Ferreri, no podrá negar la evidencia de los hechos. Los jueces, debiendo creer a Pisciotta o a Messana, dieron crédito finalmente a Pisciotta que, por decir la verdad sobre Portella, murió envenenado con estricnina en la cárcel del Ucciardone de Palermo el 9 de febrero de 1954.

Un personaje clave

Ferreri es, para Giuseppe Casarrubea, un personaje clave. La diferencia entre Giuliano y él es que el primero representa el personaje principal visible sobre la escena, una especie de “espejuelo para cazar alondras”, mientras que Ferreri, verdadero protagonista, se mueve en la sombra de una subversión neofascista organizada desde otros ámbitos.

Su período más decisivo no será el de su pertenencia al Evis o cuando toma por asalto las casernas de los carabineros o comete crímenes comunes. Su etapa crucial es cuando se convierte en terrorista al entrar a formar parte de la banda de Salvatore Giuliano, que el historiador no duda en calificar de organización neofascista órganicamente ligada a núcleos romanos y dependiente del general Martina, de la Guardia Nacional republicana de Saló. Una tesis que tendrá confirmación gracias a los archivos desclasificados por Bill Clinton y a las investigaciones sobre la masacre de Piazza Fontana que el historiador Aldo Giannuli realizó para el juez Guido Saldini, y de las cuales se evidencia que Ferreri fue elemento orgánico de estos grupos.

Entre 1946 y enero, febrero de 1947, es decir, en el mismo período en que Lucky Luciano y Mike Stern llegan a Sicilia, se produce también el arribo de Ferreri, procedente de Florencia, ciudad a la que había escapado tras una condena a cadena perpetua por homicidio. Una vez en Palermo se convierte en el principal referente del inspector jefe de policia, que en lugar de arrestarlo inmediatamente, se encontrará con él cada tarde, según la declaración de los propios carabineros durante el proceso. Ferreri y Messana hablan, intercambian ideas y uno cumple las órdenes que el otro imparte. Son perfectamente orgánicos. ¿Con qué objetivo? El objetivo se hará evidente en la posición en que se les encontrará más tarde. A Ferreri lo hallamos el 1º de mayo en Portella disparando contra la multitud de campesinos, y en cuanto a Messana, lo encontramos ya en el origen de su carrera, en 1919, en la matanza de Riesi, en la provincia de Caltanissetta, y lo reencontramos en Portella de la Ginestra, que supondrá el fin de su trayectoria policial.

A los veinte años, Ferreri se encuentra implicado en el Veis. Luego le dicen: “mira, el separatismo te lleva a darte con la cabeza en el muro. Te conviene cambiar de camino: conviértete en anticomunista, nosotros pensaremos por ti”. Le hacen huir a Florencia, donde abre una trattoria y se convierte en su administrador. ¿Por qué una trattoria? Porque constituye una excelente cobertura para reunirse con agentes de los servicios secretos. Florencia era en aquella época la sede del espionaje de todas las corrientes políticas masónicas de Italia. Siempre había sido un nudo estratégico: capital del neofascismo en tiempos de Pavolini y país de origen de Fortunato Polvani, que un año antes, en Palermo, había dirigido el Frente Nacional Antibolchevique…

¿Quién le facilitó el asilo político en Florencia y con qué dinero abrió la trattoria? “Los bandidos de la banda Giuliano y todos los adherentes del separatismo del Evis eran unos muertos de hambre”, explica Casarrubea. “Sus condiciones eran misérrimas. El más rico podía comprarse como mucho un cigarrillo al día, cuando los cigarrillos se vendían por unidad en los estancos. ¿Cómo pudo abrir un local cerca del Arno? ¿Quién lo había enviado?¿Qué protecciones lo cubrían, a él, que a sus veinte años era prácticamente semianalfabeto? ¿Con quién se reunía en Florencia?”

Casarrubea entrevistará a un primo de Ferreri, todavía vivo, quién le confiará que en el local de Florencia, según lo que le contaba el propio Ferreri, se encontraba con policias de paisano. Cuando Ferreri volvió a Sicilia en el semestre negro de 1947, estuvo viviendo en casa de su primo, en Alcamo. Y los dos jóvenes hablaban. Uno tenía poco más de 20 años y el otro más o menos 14. Ferreri, por el que el menor profesaba una enorme admiración, le contaba sus cosas: “Tengo una trattoria, a la cual vienen grandes señores, muchos de los cuales son policias y me doy cuenta porque huelo el mal olor a distancia”.

¿Con qué objetivo fue allí? Probablemente para adiestrarse y para relacionarse con ciertos personajes locales… En el preciso momento en que Messana y Salvatore Aldisio, Alto comisario gubernativo en Sicilia, establecen de común acuerdo que Ferreri debe ser restituido a la banda Giuliano para cumplir servicios de informador y tienen necesidad de hacerlo regresar a Sicilia, la policia le detendrá sin dificultad. No era que hubieran perdido sus trazas, sabían donde estaba. Policia, servicios secretos y mafia trabajaban de común acuerdo, en sintonía. Sabían dónde ir a buscar las personas. Y si tenían necesidad, podían hacerlas volver a Sicilia en veinticuatro horas.

Ferreri volvió enseguida. Le encontraron casa, en via de la Albergheria, en Palermo, donde se trasladó con su madre. Luego hizo regresar al padre, Vito Ferreri, que había emigrado diez años antes a París por razones de trabajo. Y también él regresó a Sicilia en veinticuatro horas para instalarse en Alcamo.

Ahí comienza la historia terrorista de Ferreri, que durará seis meses. Hasta el 22 de junio.

Cumplidas las matanzas de mayo y junio, el 26 de ese mes vendrá asesinado en la caserna de Alcamo, según Casarrubea, por el entonces joven capitán Roberto Giallombardo, que en su informe dirá que la muerte de Ferreri se debió a un normal tiroteo con los carabineros. El historiador sostiene, por el contrario, que el conflicto no fue para nada común: fue completamente anómalo porque en él murieron Ferreri, Antonino Coraci, Fedele Pianello, Giuseppe Pianello y Vito Ferreri… “Un confidente de la policia no se mata”, argumenta Casarrubea. “Se entrega a la magistratura. Un capitán de carabineros como Giallombardo debía saber este tipo de cosas. No podía no saberlo: entraba dentro de sus funciones institucionales. Mató también al padre, un barbero sin antecedentes penales, y a los hermanos Pianello, confidentes del coronel Paoloantonio”.

Ferreri, Giuliano, Pisciotta…Todos ellos conocen las complejas y subterráneas relaciones entre Estado, bandidismo, mafia, servicios secretos y masonería, y son, por esta razón, testimonios incómodos y un peligro potencial para el futuro. Una amenaza que será cancelada con sus muertes, todas ellas en circunstancias extrañas, jamás aclaradas.

Ejecutores y mandantes

Giuliano estaba en Portella con el falso propósito de secuestrar a Girolamo Li Causi (4) , ignorante de ser, en realidad, una simple pantalla de la operación. Pero Li Causi ni sabía que debía ir a Portella de la Ginestra, tal y como se desprende de las actas procesuales, concretamente de uno de los folios que los jueces echaron al cesto de los papeles. Había una declaración del inspector jefe de policia, Ettore Messana, en la cual se dice que le pidió al coronel de carabineros Paolantonio que avisara a Li Causi de que existía el peligro de un atentado en su contra. Este aviso servía a Messana para protegerse frente a la eventual acusación de no avisar a Li Causi y también para demostrarle a la izquierda que él había advertido con antelación que iba a tener lugar cierta operación. Era disponer de una coartada y, al mismo tiempo, confirmar la idea de que Li Causi debía encontrarse en Portella. En realidad, esa circunstancia estaba sólo en el imaginario de los terroristas. Sólo aquellos que habían concebido la matanza pensaron que Li Causi debía acudir a Portella aquella mañana.

Giuliano debía aparecer, ser visto por todos. Y de hecho, muchos lo vieron, con su impermeable blanco en las rocas del Pelavet, junto a sus bandidos. Estaban allí para que todos pudiesen verlos.

También estaban los grupos mafiosos que controlaban el territorio y garantizaban la logística del ataque. Luego, cumplida la masacre, debían hacer perder su rastro con toda rapidez. En su libro “Portella de la Ginestra. Microstoria di una strage di Stato “, Casarrubea aporta numerosos documentos en los cuales se evidencia que decenas de testimonios vieron con sus ojos a los mafiosos, apostados en lugares estratégicos.

Casarrubea tiene noticias de una reunión celebrada en una masería propiedad de un capomafia de San Giuseppe Jato situada en Kaggio, a pocos metros de Portella, el 28 de abril de 1947, tres días antes de la matanza. Dentro de esa masería tuvo lugar un summit de mafiosos en el cual, probablemente, fueron decididos los detalles de la operación. Tras los sucesos de Portella, la policia informó de esta reunión pero los jueces, en Viterbo, hicieron caso omiso del documento policial. “Era necesario recuperar lo que los jueces habían echado al cesto de los papeles y reexaminarlo a la luz de los nuevos conocimientos”, explica el autor de Fra Diavolo” e il Governo nero. “Que es lo que yo hice estudiando la documentación de ese período”.

Y luego estaban los que no se veían. Ocultos en la otra vertiente, frente al Pelavet, en Cozzo Dxuhait, en la parte baja del monte Kumeta.

En Portella se encontraban, por tanto, los bandidos de Giuliano; Salvatore Ferreri, en una posición de ataque alejada de la de Giuliano, con su grupo de fuego y la orden de disparar contra la multitud; los mafiosos y, apostados, los núcleos subversivos que dispararon sus lanzagranadas contra la multitud. Estos lanzagranadas formaban parte de la dotación del batallón Vega, un grupo ultraespecializado tanto en operaciones de sabotaje como en operaciones de camuflaje. Saboteadores de profesión prácticamente invisibles.

Siguiendo el rastro de las armas utilizadas en Portella, Casarrubea y sus colaboradores encontraron informaciones relativas a las granadas en el manual de “Armas especiales, ingenios y equipos”, editado por el Oss en febrero de 1945 para sus agentes. Aconsejadas para ciertas operaciones de dispersión de multitudes y de cercamiento de un eventual grupo enemigo, estas bombas aéreas, las “Special Weapon”, disparadas mediante lanzagranadas, sirven para simular la caída de un mortero y no provocan, por sí solas, bajas mortales. Concebidas básicamente para atemorizar a una muchedumbre y dispersarla, trazan una parábola de cerca de 400, 500 metros, es decir, la misma distancia que existía entre el Cozzo Dxuhait y la planicie donde se hallaba reunida la multitud de 5.000 personas.

Muchas de las víctimas de Portella fueron heridas por esquirlas de granada, de las que ninguna policía judicial habló. Sesenta años después de los hechos, Casarrubea obtuvo radiografías de los heridos que todavía viven, y fotografió las placas. Encapsulados en los músculos internos, los fragmentos de metralla todavía son visibles. Muchos documentos de la época, como, por ejemplo, los informes médicos de los atendidos en el hospital Benefratelli de Palermo, señalan, por otra parte, que entre los heridos y los muertos había muchos con esquirlas de granadas en los pies y los talones. La descripción de los médicos es precisa: “hemos extraído fragmentos de granada de los pies de los muertos y los heridos”. Circunstancia que la policia judicial también obvió.

El estudio de los documentos ha permitido establecer nuevas claves de interpretación a los sucesos de aquel primero de mayo. “Cuando los cazadores retenidos por la banda Giuliano horas antes de la masacre son liberados, Giuliano ¿qué les dice? Les despide con la frase: “iros y decir que somos 500”. No dice otro número, habla de 500. Y 512 eran, precisamente, los elementos que formaban parte del batallón Vega organizado a escala regional. Hemos encontrado sus nombres en las páginas de muchos documentos y, contándolos a todos, resultan 512”.

Así, cuando Giuliano habló a los cazadores refiriéndose a los 500 hombres, estaba ofreciendo una clave de lectura. Una pista que los jueces, en su momento, no entendieron o no quisieron entender. Él, que formaba parte de la cultura de la omertà, que hablaba poquísimo –escribía mucho y hablaba poco, al contrario que Pisciotta, que escribía poco y hablaba mucho-, dio una clave de lectura clara y precisa. Se refería a un número concreto, que incluía los nueve elementos del batallón Vega que procedían del continente, de Pavia, Venecia, Taranto, y que se encontraban en Portella.

Nueve hombres que, a diferencia de los bandidos pastores, que no sabían siquiera usar los mosquetes, sí sabían disparar. Muchos de los bandidos que participaron en los hechos de Portella confesaron a los jueces que no sabían siquiera cómo disparar: “Me dijeron que fuera allí y yo fui allí. He disparado al aire pero porque se me ha disparado el arma por no saber usarla”. Por el contrario, aquellos nueve que no eran sicilianos, que hablaban la lengua continental y que estaban allí con ellos, sí sabían cómo hacerlo.

La policia y los carabineros, redactaron sus informes dando cuenta de su presencia en la zona: “Hoy hemos encontrado sobre las montañas de Montelepre… a Tizio, Filano, Martino, etcétera…” Pero no indagaron las razones que los había llevado allí. ¿Qué estaban haciendo en las montañas de Montelepre, en la semana de la matanza de Portella, esos muchachos de 18, de 20 años? Lo policia judicial no se preguntó quiénes eran esas personas, quién era Ferreri. El sargento mayor Giovanni Lo Bianco tuvo mucho cuidado en evitar incluir estos nombres en su informe judicial…

Alguien debería explicar, argumenta el historiador, qué hacian en las montañas de Montelepre, poco después de la masacre, estos jóvenes que venían de Verona, Taranto, Florencia, Venecia, Padova, Bari… Nosotros sabemos que era la escuadra del grupo neofascista que sirvió para ejecutar la operación terrorista.

Los responsables políticos

En contra de algunas de las teorías existentes, Giuseppe Casarrubea no cree que Bernardo Mattarella fuese uno de los mandantes de la masacre de Portella. “El partido de Mattarella, de Aldisio, del mismo Scelba no era, por su naturaleza, un partido subversivo. Era un partido democrático, que incluso había formado gobierno con los comunistas. No creo que Mattarella, o el mismo Scelba, que era un hombre autoritario, pero ser autoritario no es lo mismo que ser terrorista, son dos cosas distintas, fuesen los responsables”, asegura.

La figura del principe Gianfranco Alliata, ligado al mundo masónico y al que años después se le encontrará en una de las listas de afiliados a la P2 de Licio Gelli, despierta por el contrario más sospechas. Su nombre recorre el hilo negro que une todo el terrorismo italiano, desde Portella hasta el caso Moro. “No digo que sea o no responsable”, aclara Casarrubea. “Pero era la persona que prometió a los bandidos, en especial a Pisciotta, sus tierras en Brasil. Hoy sabemos que América latina era un receptáculo de grupos neofascistas y terroristas que una vez cumplidas sus misiones en Italia encontraban refugio en esa región, especialmente en Argentina y Brasil”.

El príncipe Alliata tenía enormes propiedades allí y fue allí que se refugió también Fortunato Polvani, que fundó la Polvani Tours. Muchas agencias internacionales de viaje cumplían en esa época la misión de reciclar el oro de la época fascista, el oro de Mussolini, los capitales del nazismo. Debían reciclarlos en el plano internacional, y muchos de estos fascistas encontraron en América latina la salida de esos fondos”.

En relación con los responsables de Portella de la Ginestra, no se conocen todavía sus nombres. Existen sólo pistas. La más documentada y precisa es la de los grupos neofascistas, con una atención particular a dos núcleos terroristas: el Frente Armado Revolucionario Neofascista, organizado a escala nacional a través de diversos grupos surgidos justamente en 1947, y el Batallón Vega. Luego, con toda probabilidad, está la presencia de personajes como el norteamericano James Jesus Angleton, republicano, masón y la mente que coordinó este gran proyecto en clave anticomunista. Angleton estaba convencido de que, ganada la guerra contra el fascismo, era preciso comenzar una nueva batalla contra el comunismo, el enemigo número dos de los Estados Unidos. Para esa nueva guerra se alió con los fascistas, que él consideraba ya derrotados, y favoreció su penetración dentro del nuevo Estado como mano armada contra los comunistas.

Angleton, afirma el historiador, es la mente diabólica que interviene también, según las más recientes investigaciones realizadas en América, en el asesinato de John Kennedy, que funda el Mossad israelí, y quien, en suma, concibe el pacto con el fascismo, totalmente inédito en la época.

“En cuanto a la responsabilidad de la Democracia Cristiana y en concreto la de dirigentes como Bernardo Mattarella y Mario Scelba, lo más grave no fue el haber organizado la matanza sino cubrirla con su silencio”, añade Casarrubea. “Pero si pensamos que también los comunistas fueron obligados hasta cierto punto a considerar que les convenía estar callados, porque no había nada que hacer, no se comprendería que tuviéramos mayor capacidad de condena para la Dc que para esta izquierda que no supo estar a la altura de su deber”.

El desenlace político de Portella

En el período previo a los hechos de Portella, en Roma funciona el primer gobierno de unidad nacional guiado por De Gasperi, y en Sicilia el Bloque del Pueblo, obtenida la mayoría en el Parlamento regional, se prepara para gobernar y poner en práctica el decreto Gullo que, al reconocer el derecho de los campesinos de apropiarse de las tierras no cultivadas, sentará las bases de la abolición del secular sistema latifundista en la isla.

El 30 de mayo de 1947, un mes después de los sucesos de Portella, y pese al resultado de la consulta de abril, se constituye el primer gobierno regional siciliano: monopolizado por los democristianos y con apoyo de las fuerzas de centro-derecha, será presidido por Giuseppe Alessi.

Al día siguiente, en Roma, se cierra la crisis abierta a raíz de la dimisión del gobierno De Gasperi con la convocatoria de un nuevo gabinete, del que saldrán comunistas y socialistas que, a partir de ese momento, pasarán a la oposición.

Un año después, en abril de 1948, la Democracia Cristiana obtendrá un clamoroso triunfo en las elecciones políticas, con el 48,5% de los votos (47% en Sicilia), iniciando el prolongado reinado democristiano en Italia. En la isla, la caída del gobierno de transición de Alessi dará paso a la formación presidida por el honorable Restivo, en la que entrarán a formar parte como asesores los exponentes más cualificados del bloque agrario y del sistema de poder mafioso. Comienza así el famoso setenio “restiviano”, que hará posible la consolidación del sistema de poder político-mafioso que presidirá la realidad siciliana hasta nuestros días.

El difícil camino de la verdad

Hoy, en posesión de nuevos documentos y evidencias, la asociación de familiares de las víctimas de la masacre de Portella de la Ginestra que preside Giuseppe Casarrubea, ¨Non solo Portella”, ha solicitado del fiscal jefe de la República, Pietro Grasso, la reapertura de las indagaciones y que verifique a través de los documentos si quedan implicados vivos.

La asociación ha cursado la petición varias veces a la Fiscalía de la República de Palermo, único tribunal competente territorialmente para reabrir el proceso, pero hasta el día de hoy no han tenido ninguna respuesta acerca de la voluntad de la magistratura palermitana. “Estamos todavía insistiendo para que aparezca la verdad acerca de la matanza, todavía hoy impune”, puntualiza Casarrubea.

Por otra parte, respecto a los trabajos del Comité interno creado por la Comisión Nacional Antimafia para investigar de nuevo los hechos de Portella, el resultado es similar. “La Comisión no ha hecho absolutamente nada. Están detenidos, congelados como si estuvieran encerrados en un frigorífico. Extrañamente, todo está parado. Me pregunto cómo existe aún esa resistencia de los altos vértices del Estado para avanzar en la búsqueda de la verdad. Aunque se trate de una verdad, es cierto, perturbadora sobre la forma en que nació nuestra República”. Un Estado que, como escribirá el sociólogo siciliano Umberto Santino, para cubrir las propias responsabilidades, ha sido y continúa siendo el Gran Despistador.

La verdad sobre Portella, asegura Giuseppe Casarrubea, es como un objeto observado a través de microscopio nuclear. “Si examináramos atentamente el microcosmos de fenómenos ocurridos en la masacre de 1947 y en aquel preciso momento histórico nos daríamos cuenta de que la República nació enferma. Como una manzana con el gusano dentro. No es cierto que la República naciera como un acto creativo del Comité de Liberación Nacional, sin problemas, y que la Carta Constitucional obtenida con la lucha contra el fascismo se consiguiera de manera totalmente indolora. No fue así. Hubo sacrificios en el altar del Dios pagano del Estado y estos sacrificios significaron la sangre de niños, mujeres y trabajadores inermes que, por un largo período, debieron sufrir –y todavía sufren- la injusticia de una verdad aún encubierta. Probablemente porque es más fácil pensar en el mito de la Patria que nace como un acto heroico que no en el mito de una Patria que sacrifica a inocentes, como hacían los paganos con la inmolación a los Dioses para ganarse sus simpatías.

La República italiana nace con esos ritos paganos, y las matanzas de Portella de la Ginestra y del 22 de junio, los asesinatos de 50 sindicalistas muertos por la mafia entre 1946 y 1948, incluidos Placido Rizzotto, Accursio Miraglia, Epifanio Li Puma y tantos otros, vienen a testimoniar que ese Estado nació enfermo. Y hasta que no se haga justicia, llevará en sí el sentido de la culpa del pecado original que lo marcó al nacer.

Recuadro 1

Andreotti, el espía del Vaticano

Un objetivo adicional de la matanza de Portella fue, en opinión de Giuseppe Casarrubea, el de empujar a la Democracia Cristiana a la derecha y a poner límite a los errores que, en opinión de los norteamericanos, había cometido hasta aquel momento: los tres gobiernos con De Gasperi y los comunistas.

De Gasperi estaba considerado por los servicios secretos americanos como una figura débil. Al extremo que le habían puesto a Giulio Andreotti en sus talones. Andreotti, está escrito en los documentos americanos, hacía de informador del Oss. Contaba a los americanos todo lo que De Gasperi decía en las reuniones secretas sobre Tizio o Caio, y sobre sus perspectivas sobre la Italia del futuro. Existe un documento que señala que Andreotti informó a un agente secreto americano sobre una conversación privada que Gasperi mantuvo sobre la política italiana, en la que expresaba su opinión sobre el partido monárquico, sobre la Democracia Cristiana, los comunistas, los socialistas, etcétera…

¿Quién era Andreotti, que ya de muy joven gozaba de un poder tan extraordinario como para ser subsecretario en la Presidencia y formar parte del círculo íntimo de De Gasperi?¿Era verdad que éste tenía como delfín suyo a Andreotti o, por el contrario, Andreotti era la contrapartida querida por los servicios secretos vaticanos, de acuerdo con el espionaje americano, para evaluar la actitud de De Gasperi respecto al futuro.

Se sabe que la presencia de Andreotti en los ambientes gubernativos de 1947 fue promovida por el padre Felix Morlion, responsable de los servicios secretos del Vaticano, que mantenía óptimas relaciones con Angleton, jefe del contraespionaje americano. El acuerdo Angleton/Morlion situó a Andreotti dentro del gobierno de De Gasperi, pero no porque Andreotti tuviera que ser su delfín sino porque debía ser la voz del Vaticano en el gobierno.

Andreotti ha representado durante 60 años, y representa todavía hoy, probablemente, la voz del Vaticano en la política nacional. Siempre asumió esa función, extremadamente delicada, de tutelar los intereses del mundo católico respecto a los intereses del mundo laico y, en consecuencia, de la Iglesia respecto al Estado.

Recuadro 2

Giuseppe Casarrubea, la fuerza de la verdad

Giuseppe Casarrubea (Partinico, 1946), historiador, educador y director de la Escuela Media Estatal “G.B. Grassi Privitera” de Partinico (Palermo), ha dedicado la mayor parte de su vida a la investigación de un período crucial para la historia de la democracia italiana y del movimiento antimafia: el de la posguerra en Sicilia.

Especialmente importantes son sus trabajos de investigación sobre los hechos de Portella de la Ginestra y los del 22 de junio de ese mismo año, fecha en que tuvieron lugar los asaltos a las sedes del Pci y de las Camaras de Trabajo de diversas comunas de la provincia de Palermo, entre ellas la de Partinico, donde serán asesinados por elementos mafiosos Giuseppe Casarrubea, padre del historiador, y Vincenzo Lo Iacono, ambos militantes del Pci.

Diversas publicaciones testimonian ese tenaz empeño civil, basado tanto en una profunda honestidad intelectual como en su comprometida búsqueda personal de la verdad sobre los responsables. Entre otras, Portella de la Ginestra. Microstoria di una strage di Stato, editada por Franco Angeli en 1997, coincidiendo con el 50° aniversario de la masacre, y “Fra Diavolo” e il Governo nero.

En la dedicatoria de Portella de la Ginestra. Microstoria di una strage di Stato, Casarrubea escribirá: “A mi madre, por las noches de angustia y de miedo que, de niño, me vieron abrazado a ella, único consuelo en la soledad de una tragedia inhumana. Siento aún sobre la piel su respirar cálido, sus manos que querían defenderme de todos los males del mundo. No creía en la justicia de los hombres, y tenía razón: ningún tribunal le hubiera hecho justicia en aquellos años”.

Además de sus estudios de sociología de la educación, entre los que destacan L’educazione mafiosa y Nella testa del serpente, es autor de I fasci contadini e le origini delle sezioni socialiste della provincia di Palermo, Società e follia in Sicilia, Intellettuali e potere in Sicilia y Gabbie strette. L’educazione in terre di mafia.

En la actualidad, y como consecuencia de sus investigaciones sobre Portella de la Ginestra, Casarrubea, que fue discípulo y colaborador del sociólogo triestino Danilo Dolci, se encuentra bajo proceso, acusado de difamación por el general de carabineros retirado Roberto Giallombardo, a quien el historiador atribuye directamente el asesinato de Salvatore Ferreri, “Fra Diavolo”.

Notas

(1) El 22 de junio tuvieron lugar los atentados de la banda Giuliano a las secciones del Partido Comunista de Partinico, Borgetto y Cinisi, a las sedes de las Cámaras de Trabajo de Carini y San Giuseppe Jato, y a la sección del Partido Socialista de Monreale.

(2) La República vence en el referéndum institucional del 2 de junio de 1946 con 12.718.641 votos (54,3%) mientras que la monarquía consigue 10.718.512 votos (45,7%).

(3) Mike Stern, capitán del Oss y corresponsal de “Life”, desempeñó, al parecer, la función de intermediario entre Giuliano y los servicios secretos americanos.

(4) Girolamo Li Causi, secretario regional del Pci

(5) Sacerdote italo-americano, figura fundamental de la masonería de rito escocés, ex agente del OSS y más tarde de la Cia, Frank Gigliotti desempeñó un decisivo papel en las actividades políticas desarrolladas en Italia por la masonería y los servicios secretos norteamericanos en su lucha anticomunista. En 1948, durante un Congreso celebrado en Washington, confesó a Giuseppe Saragat haberse encontrado en Sicilia con Salvatore Giuliano y compartir con él “el uso ilegal de la violencia en contra de los comunistas”.

(6) Por los hechos de Portella de la Ginestra la sección instructora de la Corte de Apelación de Palermo, con sentencia del 17 de octubre de 1948, envió a juicio al bandido Salvatore Giuliano y a los otros componentes de su banda. El juicio se inició en Viterbo el 12 de junio de 1950 y concluyó con la sentencia del 3 de mayo de 1952. Salvatore Giuliano fue asesinado el 5 de julio de 1950 en Castelvetrano.

(L’intervista è uscita nel volume di Joan Queralt “Cronicas Mafiosas”, 2007)

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Informazioni su Giuseppe Casarrubea

Giuseppe Casarrubea (1946 - 2015), ricercatore storico. E' stato impegnato per anni in studi archivistici riguardanti soprattutto i servizi segreti italiani e stranieri. Ha pubblicato i risultati delle sue indagini con le case editrici Sellerio e Flaccovio di Palermo, Franco Angeli e Bompiani di Milano.
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Una risposta a Il peccato originale (intervista di Joan Queralt a Casarrubea)

  1. Catherine ha detto:

    Que Deus continua abençoando seu trabalho.
    Ah, e que seu Ano seja de muito sucesso.*-*

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